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Hoy inicio con la premisa: todo en la vida está en constante movimiento y transformación. Así sea imperceptible para nuestros ojos.

Definitivamente cuando salimos de nuestro nido y zona de confort, iniciamos un proceso de transformación que es más placentero si lo vivimos con la mejor disposición, para ello considero importante darse tiempo para pensar, investigar sobre eso que quiero transformar, analizar y responderse:

– ¿Qué pasa si decido cambiar?

– ¿A quién y cómo afecta este cambio?

– ¿Estoy dispuesto a asumirlo?

– ¿Qué gano y qué pierdo?

– ¿Cómo contribuyo con esta decisión?

Como ya mencioné, constantemente estamos cambiando, el tiempo nunca se detiene y una decisión puede transformar mucho nuestras vidas y entorno.

Mi primer trabajo como migrante

Cuando decidí emigrar, me pregunté: Yuru, ¿Qué tan dispuesta estás para comenzar de cero? ¿Qué vas hacer?. Yo veía a mi hija tan pequeña y sin poder proveerla de cosas tan esenciales e intangibles, que me dije: sí, estoy dispuesta, y bueno trabajaré honradamente y siempre que sea cónsono con mis valores.

Entonces, mi primer empleo fue en un minimarket, limpié piso, preparé sándwiches y vendí charcuteria (cecina). Me lo disfruté, atendía al público de la mejor manera, sonreía y aprendí mucho. Hice amistades chilenas muy lindas, a quienes agradezco.

Con esto les digo, que todo es cuestión de actitud, de ser flexibles a los cambios, vivir nuestra transformación con el corazón, estar abiertos a aprender, a dar lo mejor y a recibir lo que nos sume. Asumir los cambios es una decisión personal, que nos permite marcar la diferencia.

Entonces, hoy tú identificas ¿Cómo asumes los cambios?, ¿Eres flexible o rígido en situaciones que no planificaste?

¡Seamos agentes de cambios!

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