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Mi primo es médico oftalmólogo de la Bicentenaria de Aragua, su esposa también. Tienen dos hijos y viven en Canadá desde hace unos años. No han ejercido su profesión, después de un pregrado, una especialización y dos postgrados. Mi primo ha trabajado de muchas cosas y por fin, ahora que logró la ciudadanía canadiense, posiblemente encuentre su camino como médico, una carrera que sacó con esfuerzo e ilusión.

María Alejandra es ingeniero petrolero de la Simón Bolívar. Tiene una profunda sensibilidad social y política, donde trabajó con mucho esfuerzo tratando de hacer de un proyecto político con un sujeto que terminó afiliándose con el chavismo. Entre casada y desilusionada, partió a México con su esposo y hoy es actriz y presentadora de televisión. Su inteligencia y agudeza destacan, junto con una belleza única, en la televisión mexicana.

Roberto vive en España. Contador y administrador de empresas graduado en la UCAB, en Venezuela era uno de los destacados contralores de una administradora de centros comerciales a nivel nacional e internacional. Acusioso, detallista y correcto, Roberto era un empleado de buena estima de los dueños de la empresa. Giró su destino con su esposa a la península ibérica. Intermitentemente, ha pasado del paro a experiencias laborales muy intensas, para luego volver al paro. Hoy tiene un buen empleo, mañana no se sabe.

Jhonny es ingeniero de la ULA. Trabajó su vida entera en La Polar. Sus primeros meses en Chile los pasó lavando camiones, en invierno. Después, empezó a manejarlos para el despacho. Salió de esa empresa a la cervecería más grande del país. Ya era supervisor cuando eso.

Así, seguro que muchos de ustedes saben de historias parecidas, de dependientes de abastos, choferes de UBER, gente que hace el aseo, que vende helados y tortas, empanadas venezolanas y arepas, que están en la calle, esperando su oportunidad para demostrar su profesionalismo.

¿Cuánto le cuesta un profesional extranjero al estado?

Aunque estudiamos la mayoría en universidades públicas, lo hicimos bajo a esa premisa que nos contaban nuestros padres: “Estudia para que seas alguien”. Algunos, llegando un poco más allá, nos decían que esa es la única herencia que nos podían dejar. Cuánta razón tuvieron.

Hoy, en este indescriptible hecho que vivimos todos, no existe tesoro más importante que el pergamino que permanece atesorado en la maleta con la que llegamos, con apostilla y registro, así como nuestras notas y nuestros certificados de postgrado. Con él permanecen a un lado los certificados de un alma inquieta que suman cursos de barismo, cocina, reiki, astrología, tarot, corte y costura, computación, y por supuesto, el de community manager. Yo mismo tengo algunos de esos.

Preguntaba a mis amigos chilenos cuánto costó su educación. Algunos, por no decir la mayoría, están aun pagando por los próximos 20 años, lo que debe ser un aporte a su país, su sustento y el modo de crecimiento y movilidad económica.

Y nosotros, los profesionales y estudiados, que no le costamos nada al estado, estamos enfrentando la vida, porque creo que el mayor aprendizaje en el mundo es saber que el papel ese que nos costó tanto, a nosotros, a nuestros padres, al estado, no nos hace mejor ni peores. Es importante, si, pero no nos define.

16 páginas del Washington Post

“La democracia muere en la oscuridad”, fue el inicio de una reflexión muy ruda. Pensaba en el desastre ecológico de la minería y el petróleo y el verdadero responsable. Pensaba en todos esos ingenieros, obreros, biólogos, profesionales de muchas ramas que hoy están trabajando en empresas fuera de Venezuela.

Me entristecía ver como la ineptitud y la desidia dejaron a estas empresas fuera de control, y en parte, es porque muchos venezolanos capaces tuvieron que poner la seguridad de su familia por encima a la de la patria, sobre todo de la patria que los tiró fuera de las empresas que ellos si sabían manejar.

Pensaba en que no fuimos capaces de sostener nuestra posición, y en otros casos, no supimos abrir los ojos ante la estupidez y la destrucción de un grupúsculo político que terminó destruyendo y enfermando media Latinoamérica.

Pensé que era culpa mía, nuestra, de todos nosotros, pero también recordé que la risa que me recibe en casa de una niña de tres años, me hizo cambiar de decisión: Si la patria se hace con familia, primero está la familia.

Hoy, somos profesionales que tenemos que hacer la patria desde fuera. Tenemos que hacer patria en la tierra que nos recibió para la tierra que nos vio nacer. Se trata que crear con las manos nuestro propio futuro, y cuando estemos listos, no antes, volver con la patria renacida en los brazos.

¿Cuánto le costamos como profesionales al Estado donde vivimos? Si, es un número importante. Pero no existe nada más importante tener vivo el deseo de, cuando escuchemos el grito de “vuelvan carajo”, nos llevemos el mayor aprendizaje posible, y entre ellos el más importante: la humildad.

Foto: http://www.nuevopoder.cl, 2018.

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